El país que quiero no tardará en venir



En las ultimas semanas he estado participando, por medio de diversos foros virtuales, del debate sobre el país que muchos dominicanos y dominicanas queremos; un país que sea gobernado con justicia social y que logre superar la corrupción y la impunidad, permitiendo el desarrollo de una economía inclusiva y ambientalmente sostenible. Hablamos del bienestar y seguridad de la ciudadanía, de la necesidad de crear mecanismos de representación y participación popular que le permitan a la ciudadanía controlar las funciones públicas y disponer dinámicas de gobierno que garanticen la igualdad, la equidad, la convivencia y la cohesión social.

A raíz de tales discusiones quiero compartir con ustedes las siguientes impresiones y responder algunas de sus preguntas, que en ningún caso constituyen una versión oficial del movimiento, mas bien, responden a la intencionalidad que comparto y al aprendizaje ganado en lo que va de proceso. 

Éste breve artículo es el inicio de una serie de reflexiones que iré compartiendo con ustedes en torno al proyecto, dándole continuidad a nuestras conversaciones sobre El país que queremos. Espero contar con su atención y comentarios. Entramos en materia.

El país que queremos es un movimiento político se viene construyendo desde distintas experiencias de organización y movilización ciudadana, teniendo en la Marcha Verde su punto de referencia más importante. Es una apuesta por el cambio social que, en un primer momento, busca desplazar del poder a la mafia peledeísta y sentar las bases de un acuerdo ciudadano que dibuje las características iniciales de un nuevo modelo de Estado y de gobierno en el que la ciudadanía sea dueña, protagonista y beneficiaria de su propio destino.

Derrotar al PLD y desplazarlo de las instituciones pasa necesariamente por la construcción de una alternativa electoral que gane la representación popular y libere a las instituciones públicas de la tradición autoritaria y patrimonialista que han permitido el surgimiento de las distintas mafias que desde la era de Trujillo han gobernado el país, perjudicando significativamente la vida de millones de dominicanos y dominicanas.

El país que queremos tiene necesariamente que constituirse sobre una amplia coalición de fuerzas y candidaturas independientes que abran camino a un nuevo polo electoral que devuelva la ilusión y la esperanza a los millones de dominicanos y dominicanas que no simpatizan por ninguno partido, descartando cualquier negociación entre cúpulas aventajadas y remitiendo a los acuerdos ciudadanos, locales y de base, el poder para presentar y elegir las candidaturas a las elecciones en 2020 y siguientes.

Liderazgos y movimientos locales deben presentar candidaturas independientes que desafíen a las maquinarias políticas tradicionales. El cambio que necesitamos empieza desde abajo y sólo será posible si el poder se reparte, diversifica y desconcentra, permitiendo que la ciudadanía pueda decidir, desde sus instituciones y representaciones locales, las ciudades y el país que quiere.

De cara a la contienda por la presidencia, debemos abogar por que éste nuevo polo electoral celebre primarias abiertas, para que sean las bases de las organizaciones y la ciudadanía autoconvocada quienes decidan cual candidato o candidata representa mejor sus intereses, aspiraciones y sentimientos.

Una candidatura presidencial, por más potente y carismática que sea, necesita sostenerse sobre liderazgos y movimientos locales capaces de competir con las maquinarias políticas tradicionales, sin embargo, éstos últimos no requieren de una candidatura presidencial para ser reconocidos y ganar las elecciones locales. De ahí la importancia de que El país que queremos priorice las candidaturas ciudadanas en aquellas ciudades y circunscripciones en los que se cuenta con liderazgos y movimientos independientes con arraigo y buena aceptación social.

Las elecciones de 2020 son una oportunidad para romper el orden tradicional del tablero político y empezar la partida democrática desde un nuevo relato, lo requiere innovación, audacia y disposición para entablar diálogos con sectores fuera del campo conservador que el conjunto de la clase política se disputa, lo que implica, atreverse a hablar con sectores emergentes y de temas tabú en un país de poses y extrema “corrección política”. Nada será fácil, hay que saberlo, pero todo será necesario.

En este viejo país que poco a poco vamos transformando, la decencia y la no violencia activa se van constituyendo como dos de los pilares esenciales de la revolución ciudadana por venir. El futuro fue ayer, el presente está más cerca.


Comentarios

  1. Muy buen artiartí Alex, una lista de aspiraciones que hay que trabajar.

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