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martes, 26 de mayo de 2015

Derrotar al PLD y recuperar las instituciones para la democracia

El título del presente documento, expresa claramente lo que en mi modesto análisis deberían ser dos de las tareas más urgentes de la oposición democrática frente al desafío autoritario planteado por el Partido de la Liberación Dominicana, y que sin tapujos ha quedado evidenciado en el marco de su debate interno sobre las pretensiones reeleccionistas del presidente Danilo Medina.

Las recientes declaraciones del expresidente Leonel Fernández, reflejan el desprecio de la dirigencia peledeísta por la democracia y las instituciones del Estado, pues dirimen sus contradicciones y diferencias de manera directa y sin que los ciudadanos y ciudadanas puedan intervenir en el debate y en la toma de decisiones. La dirigencia peledeísta es consciente del poder que ejerce sobre las instituciones del Estado, teniendo capacidad, como hasta ahora, de aprobar en solitario, cuantas medidas entiendan oportunas para el ligero discurrir de sus objetivos e intereses.

 La arrogancia del ex-presidente Fernández, erigiéndose como garante de la Constitución de 2010, resalta el marcado carácter personalista de la reaccionaria carta magna, aprobada durante su último gobierno, bajo el influjo directo de los sectores más conservadores de la sociedad dominicana.

El peledeísmo ha utilizado el poder para enriquecerse, empobreciendo de manera alarmante a amplios sectores de la sociedad dominicana, generando unas condiciones de exclusión y marginación, que han degrado profundamente la vida y dignidad de las personas. Las ansias de dinero de la dirigencia del PLD han convertido a la República Dominicana en un narco-estado, incrementando el sufrimiento de la población producto de las tensiones derivadas del negocio de la droga  y la guerra de los carteles dedicados a su tráfico y al lavado de activos. Son ya conocidos los nombres de varios altos funcionarios de la formación oficialista, señalados dentro y fuera del país, como colaboradores necesarios de los carteles de la droga y de las redes de lavado de activos.

Todo esto sucede ante los ojos de una oposición que sigue sin encontrar el nervio político requerido para oponerse de forma contundente a todo cuanto ocurre bajo los desmanes del oficialismo. Es hora de dar un giro en la actividad de la oposición democrática, estableciendo dinámicas de posicionamiento político y movilización social que confronten la deriva autoritaria del peledeísmo y abran las puertas a un nuevo escenario que nos permita derrotar el PLD en las próximas elecciones de 2016, y desde ahí, empezar a recuperar las instituciones del Estado para poner en marcha un verdadero proceso democrático, ese que nos debemos desde el inicio de nuestra vida republicana, y que cuando se han intentado, ha sido abortado por las fuerzas conservadoras y reaccionarias de la país.

Oposición democrática y candidaturas unitarias hacia el 2016

Al PLD hay que plantarle cara de manera frontal y radicalmente democrática. A lo único que teme el autoritarismo es a la libertad, y nosotros debemos defenderla en todo momento y cueste lo que cueste.

Todos sabemos las dificultades que hasta ahora han existido para unificar a la oposición en torno a un programa y unas candidaturas unitarias que puedan confrontar con eficacia al PLD y aseguren su derrota en las próximas elecciones. Son dificultades que debemos superar para poder avanzar a un nuevo escenario que nos permita recuperar las instituciones y poder establecer un sistema político verdaderamente democrático que facilite la dinamización de la participación de la ciudadanía en la construcción de un mejor país.

En éste esfuerzo unitario no sobra nadie, todo lo contrario, hace falta todo el mundo, todos los líderes y las organizaciones que les respaldan. Es un momento excepcional que exige medidas extraordinarias. Es un desafío al tiempo y a las estrategias grupales diseñadas a mediano y largo plazo. La fractura interna en el PLD ha abierto una posibilidad de derrotarles, que puede convenirnos a todos y todas, para frenar así y de una vez por todas, el proceso de consolidación de su poder autoritario y su dominio absoluto sobre las instituciones.

Es un momento que exige madurez y sangre fría. No es tiempo para delirios ni excesivas emociones, es tiempo para la política, para la urgencia democrática, para la recuperación del proceso democrático y popular liderado por José Francisco Peña Gómez que fue interrumpido en 1994 y quedó bloqueado en 1996 con la alianza conservadora, reaccionaria y racista pactada por el PLD y PRSC con el bautizo de Joaquín Balaguer como estratega y entonces “salvaguarda de la identidad dominicana”, sin que pudiera recomponerse, ni siquiera con el triunfo del PRD en el año 2000.

Llegó el momento de dar la pelea por abrir las ventas de la esperanza que la alianza conservadora del Frente Patriótico cerró en 1996 y mantiene bloqueadas hasta hoy. Es ahora, cuando toca presentar una alternativa política para la democracia, que nos permita superar los errores que condujeron al desgaste de la fuerza popular que representó el peñagomismo y anime a la recomposición de su legado de movilización social, para ponerlo al servicio de la recuperación democrática de las instituciones usurpadas por la maquinaria mafiosa del peledeísmo. Es por eso, que cualquier espacio opositor debe contar con la participación crítica y autocrítica de los sectores políticos que heredan el peñagomismo y que hoy se agrupan en el Partido Revolucionario Moderno. Y resalto lo de participación crítica y autocrítica, porque los del PRM deben ser conscientes de que su incapacidad a la hora de gobernar entre 1978 y 1986, así como del 2000 al 2004, es lo que ha facilitado el ascenso al poder las fuerzas conservadoras. Ser conscientes de ello, debe moverles a establecer los correctivos políticos necesarios para evitar el fortalecimiento de los sectores conservadores bajo el influjo de sus errores en el gobierno, y quizás también en la oposición nominal. El cambio no debe ser sólo un asunto de nombre, debe implicar la reconstrucción de los valores, o al menos el apego a los supuestos socialdemócratas que dice defender la dicha formación política.

El reto del PRM y de su actual candidato presidencial, Luis Abinader, es lograr componer un frente opositor capaz de dar la batalla para derrotar al PLD, recuperar las instituciones para la democracia y ganar más derechos para la ciudadanía. Debe ser un frente opositor abierto de forma sincera y vinculante a todos los actores políticos y sociales, permitiendo que cada colectivo esté debidamente representado en la propuesta electoral, de ahí, la importancia de que el proceso para la elección de candidaturas a las alcaldías y al Congreso Nacional en el Partido Revolucionario Moderno sea abierto y accesible a dichos sectores, de manera que puedan participar y optar horizontalmente por espacios dentro de la boleta del PRM, teniendo en consideración la necesidad de garantizar la representación a sectores que por dificultades derivadas de la inequidad social o de la falta de recursos para competir en un torneo electoral, podrían quedar fuera de la representación colectiva final. 


El PRM debe corregir el error inicial planteado en el marco de la celebración para elegir a su candidato presidencial, que en mi opinión, debió ser abierto a otros candidatos extra-partido, algunos inclusive dentro de la propia Convergencia para un Mejor País, que sigue siendo participada por la fuerza perremeísta. Quizás debió ser en el marco de La Convergencia que ser produjera la elección de la candidatura presidencial, pero no fue así, pero es algo que podría rectificarse de cara a la elección de las candidaturas a los puestos para las alcaldías y el congreso nacional.

Ningún partido político está en capacidad de ganar las elecciones por sí solos, es algo que debe entender el PRM e incluso Alianza País, que aunque sigue sin ser formalmente reconocida por la JCE, algunas encuestas le otorgan unas simpatías, que para una formación de su tipo y edad, pueden ser buenos, pero insuficientes para ganar las elecciones en el peor de los escenarios posibles, y que precisamente es cuando menos suben sus simpatías, según las encuestas. Quizás, no le vendría mal un poco de realismo y humildad a la formación que lidera Guillermo Moreno, de manera que pueda adelantar un acuerdo político que facilite la unidad de la oposición para derrotar al PLD.

Moreno es un candidato joven y con futuro en la política, su organización también lo es, y creo que deberían confiar más en sí mismos y en sus bases y adentrarse en un esfuerzo unitario que abra camino a sus liderazgos locales y sectoriales, de manera que Alianza País pueda participación en un frente opositor por medio de candidaturas a las alcaldías y al congreso nacional, reservando la candidatura de Moreno para el período de transición democrática que se abriría con la derrota del PLD en 2016.

Los aliancistas deben ser conscientes de que el tiempo juega en su contra y que el poder establecido no les facilitará las cosas, y ha quedado claro que buscan desactivar a toda costa la candidatura a la presidencia de Guillermo Moreno e infundir en sus bases el desaliento y el derrotismo suficiente para poner en desbandada a una militancia ansiosa de participar políticamente y que ante la imposibilidad de hacerlo por medio de una marca electoral propia, lo haría por medio de otra que pueda estar en la disposición de incorporales y darles un espacio electoral. Es una reflexión que la dirección de Alianza País debe hacer, porque la política se mueve, los tiempos no son estáticos, todo lo contrario, cambian continuamente y a veces, de forma muy acelerada.

De igual forma, Minou Tavárez Mirabal y Max Puig, deben mover su liderazgo al servicio de un proyecto unitario para la oposición, derrotando al PLD ganamos todos y todas, sobre todo, gana el país.

Para las agrupaciones que ya forman parte de la Convergencia por un Mejor País, es preciso cuestionar su enorme dependencia del PRM, tanto que, por momentos, parecen estar diluidas en el universo perremeísta, sin capacidad de opinión o movilización propias, reforzando así, viejas prácticas de la política que no harían nada bien a los deseos de recuperar las instituciones para la democracia. La Convergencia podría dar mucho más de sí, si todos y todas la que la participan juegan papeles más activos en la sociedad, es decir, en los debates y discusiones que le son propias y actuales. Se puede hacer más y mejor. Para derrotar al PLD se requiere mucha movilización social, y La Convergencia podría ser un buen instrumento para ello. La diferencia entre la vieja y la nueva política está marcada por el apego o no a la movilización democrática de la ciudadanía, una que se produce sin pretensiones manipulación, sustitución o complotismo. La Convergencia debería ser un espacio más abierto y participativo, germen y preludio del proceso constituyente por venir, siendo un espacio de debate y construcción de acuerdos para hacer que el país progresista se mueva y para que la sociedad avance. El reto está ahí, planteado para los que están y para los que estamos tentados por llegar.


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