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miércoles, 26 de junio de 2013

Afrodescendencia, racismo y construcción de la identidad dominicana

Por Alex Amaro | @alexamarobcn

"Los afrodescendientes dominicanos deben mirar con atención hacia los procesos de lucha y empoderamiento que llevan otras comunidades de afrodescendientes en la mayoría de países de Latinoamérica."

El debate sobre la identidad nacional y las políticas migratorias de la República Dominicana se ha convertido en un elemento constante de la agenda política nacional, debido a la reiterada incapacidad del Estado dominicano para adoptar medidas que afronten y superen de forma eficaz los problemas ocasionados por la celeredidad de los procesos migratorios y la tendencia a dificultar e irregularizar los mismos con el fin de beneficiar a determinados sectores de la economía que basan parte de su estrategia de acumulación de ganancias y capitales en el uso intensivo de la mano de obra inmigrante haitiana, barata y despojada de todo derecho.

La sociedad dominicana se ha formado a través de múltiples y continuadas olas migratorias que tienen su génesis en la invasión española de 1492 y en el proceso de colonización de la isla, lo que conllevó la llegada masiva de europeos de distintas procedencias, pero fundamentalmente de españoles, italianos, portugueses, franceses e ingleses.

La esclavización de la población aborigen y su utilización intensiva como mano de obra generó un rápido descrecimiento de la población de la isla, una situación que se vio agravada por los maltratos sistemáticos y las matanzas realizadas por las fuerzas invasoras para obligar a los indígenas a realizar trabajos o para despojarlos de sus tierras. Ésta situación provocó el traslado a la isla de negros africanos esclavizados y convertidos en mano de obra al servicio de los colonizadores. Desde entonces las relaciones sociales basadas en cuestiones raciales y culturales han estado en el centro de la lucha por el poder.

La insaciable voracidad de las fuerzas coloniales provocó un proceso de luchas sociales, de clases y raciales, que desembocaron en innumerables rebeliones por parte de los negros y los aborígenes esclavizados, encontrando su punto más álgido en 1791 con el inicio de la Revolución Haitiana, la que culminaría en 1804 con la proclamación de la Independencia de Haití y su constitución en una República libre y soberana. En Enero de 1801 Toussaint Louverture ocuparía la parte Éste y española de la Isla de Santo Domingo, el 9 de mayo del mismo año se declararía la abolición total y absoluta de la esclavitud en toda la isla, la que sería restablecida más adelante por la aristocracia criolla, blanca y pro-española.

El 1 de diciembre de 1821, un movimiento liderado por José Núñez de Cáceres declara en Santo Domingo la independencia del Haití Español del Reino de España, con el apoyo de la aristocracia colonial blanca, criolla y pro-española, el movimiento aboga por unirse al proyecto de la Gran Colombia de Simón Bolívar, pretensiones que encontraron el rechazo de la mayoría afrodescendiente, que ante la persistencia de la esclavitud y los malos tratos recibidos preferían el amparo de la República de Haití como forma de evitar la continuidad del régimen de explotación esclavista que negaba los derechos de ciudadanía a la mayoría negra y mulata.

El 13 de diciembre se inicia en Puerto Plata un amplio movimiento que buscaba la anexión a Haití, la mayoría de los pueblos de la parte Este de la isla se pronunciaron a favor de la unidad con Haití. El 19 de enero José Núñez de Cáceres proclama la anexión del Haití Español a la República de Haití. El 9 de febrero de 1822 el presidente haitiano Jean Pierre Boyer entra a la ciudad de Santo Domingo, entre las primeras medidas adoptadas se encuentra nuevamente la abolición de la esclavitud en todo el territorio de la parte Este de la isla. El fin de la esclavitud generó una nueva situación social en la isla, la liberación de los negros dio inicio al surgimiento de un nuevo sujeto político en la parte Este de la isla, los acontecimientos históricos que tendrían lugar más adelante demostrarían su fuerza y empuje.

Bajo el gobierno haitiano, en toda la isla, se intensificó la inmigración de negros rebeldes de toda la región del Caribe y de los Estados Unidos de América, generándose asentamientos importantes de afrodescendientes en comunidades como Samaná, Santiago, Puerto Plata, Monte Cristi, Bayaguana, Monte Plata, San Pedro y Santo Domingo. De ahí que en muchas de estas comunidades se mantengan vestigios del bilingüismo de la época, así como, de apellidos de origen inglés, francés, entre otros.

La ocupación haitiana reconoció los derechos de nacionalidad y ciudadanía de los afrodescendientes dominicanos, promovió su incursión en la política y su participación en el ejército y en la administración del Estado. Las acciones de las fuerzas haitianas de ocupación para empoderar y garantizar el ejercicio de la ciudadanía de los negros de la parte Este de la isla generó notables tensiones con los sectores esclavistas, blancos, criollos y pro-españoles, las fueron en aumento provocando profundos sentimientos anti-haitianos que alentaron y dieron forma a las ideas independentistas en sectores de pensamiento liberal, que si bien es cierto que no quería seguir bajo el dominio haitiano, tampoco querían estar bajo dominio de ninguna otra nación o potencia extranjera, sin embargo, en otros sectores, la perspectiva de la liberación del régimen haitiano pasaba por anexar el país a cualquier potencia europea o incluso a los Estados Unidos de Norteamérica, ya que uno de sus principales objetivos era el restablecimiento de la esclavitud abolida por los haitianos. Esas diferencias se expresarían y enfrentarían intensamente a lo largo de los próximos años.

En 1838 surge un movimiento independentista liderado por Juan Pablo Duarte, un liberal de clase media contrario a la ocupación haitiana en Santo Domingo y a la anexión del país a cualquier otra nación o potencia. extranjera Duarte funda la sociedad secreta La Trinitaria, dándole al movimiento independentista unos matices políticos, identitarios y religiosos que se fundarían en la idea de que la República naciente debería reivindicar su tradición hispánica, la ascendencia blanca y europea de su población, y la supremacía de la religión católica como fe cristiana nacional frente a cualquier otra creencia religiosa, algo que Duarte garantizaría en todos los relatos, documentos y propuestas organizativas del movimiento trinitario. La primera bandera dominicana se elaboró, tan sólo, colocando una cruz blanca la bandera haitiana, los juramentos y tesis políticas introdujeron la fe católica como estandarte del movimiento trinitario.

La proclamación de la Independencia 1844 y el nacimiento de la República Dominicana fue rápidamente dinamitada por sectores de la oligarquía criolla que no estaban dispuestos a compartir el nuevo espacio democrático y republicano con los negros y mulatos que, pese a haber luchado ferozmente en la guerra de independencia, seguían siendo considerados ciudadanos de segunda y tercera categoría por la elite blanca de ascendencia europea, de ahí que, en el periodo inicial de la joven República, la lucha entre pro-estadounidenses y pro-españoles tenía un solo punto en común, evitar a toda costa que los negros haitianos volvieran a ocupar la parte Este de la isla, o que en el mejor de los casos los negros dominicanos ascendieran al poder y tomaran el gobierno.

En la batalla por el protectorado ganaron los sectores pro-españoles. En 1861 Pedro Santana, un terrateniente pro-esclavista, anexaría el territorio de la República Dominicana a la Corona Española, aniquilando la naciente estructura democrática de la República e instaurando un régimen neo-colonial que profundizó la exclusión y marginación de los segmentos empobrecidos del país, en especial de la población afrodescendiente. El gobierno colonial pretendió restablecer la esclavitud y permitir el envío de los negros dominicanos a las plantaciones coloniales españolas en Cuba y Puerto Rico, situación que generó innumerables protestas que culminaron en 1863 con el Grito de Capotillo y el inicio de la rebelión popular contra la anexión a España.

En 1863 estalla la Guerra de la Restauración con el objetivo de restablecer la República, poner fin al proceso de anexión a España y expulsar al ejército colonial del territorio nacional. La mayoría de los líderes del movimiento restaurador fueron negros y mulatos, muchos de ellos de ascendencia haitiana, estadounidense o procedentes de otras islas de Las Antillas, todos opuestos al restablecimiento de la esclavitud y en contra de las pésimas condiciones en que vivían los afrodescendientes dominicanos bajo el régimen colonial español.

Gregorio Luperón, un negro dominicano, se convirtió en el líder indiscutible del movimiento restaurador. La rebelión se orquestó desde Haití y desde allí entró el ejercito restaurador contando con el firme apoyo del gobierno haitiano. El movimiento restaurador venció  y la República quedó restablecida en 1865, garantizando así el no retorno al colonialismo español ni a la esclavitud colonial.

Los afrodescendientes dominicanos han jugado un papel estelar en la construcción de la Nación y la identidad dominicana. El conflicto racial siempre ha estado latente en las pugnas por el poder, es una lucha que ha llegado hasta nuestros días en una situación de ventaja para los sectores oligárquicos, blancos y racistas que durante el último siglo han logrado borrar la negritud y la afrodescendencia de la historia dominicana y del imaginario popular, construyendo una falsa identidad que es desmentida por las características raciales y culturales de la población dominicana. Pese a la confusión identitaria de los afrodescendientes dominicanos es innegable su negritud y el peso de la cultura africana en su forma de asumir, sentir y vivir la dominicanidad.

El tiempo político, social y cultural abierto desde la Restauración de la República en 1865, permitió que los afrodescendientes dominicanos volvieran a ejercer sus derechos de ciudadanía, de forma que sus sentimientos de pertenencia a la Nación dominicana por medio del ejercicio del poder se afianzaron, pero las elites criollas, blancas, católicas y racistas no descansaban en su intento por despojarles de sus derechos, identidad y poder. Para la oligarquía criolla sólo había una República Dominicana posible y esa tenía que ser blanca, cristina de fe católica y cuya ascendencia debía reivindicarse fundamentalmente en la tradición española, una situación que logran imponer a raíz de la invasión estadounidense de 1916 y que encuentra su consolidación durante la dictadura de Trujillo, imponiendo un régimen de apartheid racial que inició en 1937 con la Matanza del Perejil y  que continúo con la campaña estatal para “mejorar la raza dominicana mediante el blanqueamiento de la población” a partir del emparentamiento y mestizaje de afrodescendientes dominicanos con inmigrantes europeos traídos al país por el régimen, aprovechando las devastaciones causadas en Europa por la Segunda Guerra Mundial.

El trujillismo convirtió en política de Estado el racismo contra los negros en general, iniciando un proceso de limpieza étnica con el argumento de defender la identidad dominicana de la amenaza que representaba la migración haitiana para la cultura y para el “equilibrio poblacional” del país. A la Matanza del Perejil sobreviven los negros haitianos que se encontraban al servicio de las grandes plantaciones agrícolas y azucareras en manos de la oligarquía criolla y de capitales extranjeros. A partir de éste momento los bateyes se convierten en campos de concentración de haitianos y dominicanos negros despojados de todo derecho, sobre todo del derecho de arraigo y protección estatal generando un limbo jurídico sobre su origen y nacionalidad, una situación injusta que permanece hasta nuestros días, permitiendo que los descendientes de haitianos nacidos en la República Dominicana sean despojados de la nacionalidad dominicana mediante una nueva campaña Estatal de limpieza étnica, ésta vez en lo jurídico, impulsada por la Fuerza Nacional Progresista, una organización política de extrema derecha aliada al Partido de la Liberación Dominicana y socia de gobierno.

El trujillismo impuso duras normas para “mejorar la raza dominicana”, entre ellas:

  1. Restringió casi hasta su inexistencia la presencia de afrodescendientes en el cuerpo diplomático y consular del país.
  2. Restringió la presencia de afrodescendientes en puestos de responsabilidad dentro del alto escalafón militar y en la administración pública.
  3. Impuso el código de la “buena presencia”, mediante el cual se obligaba a las mujeres afrodescendientes a esforzarse por parecerse a las blancas europeas, maquillarse, alisarse el pelo, etc.
  4. Se confiscaron tierras de campesinos afrodescendientes para entregarlas a inmigrantes europeos blancos traídos por la dictadura durante el período de la Segunda Guerra Mundial.
  5. Iniciada la era de la televisión, se restringió la presencia en ella de la población afrodescendiente. Eso marcó durante décadas la presentación de anuncios comerciales para la televisión, pese a que ha habido algunos avances en los últimos años, la televisión y los anuncios comerciales siguen sin corresponderse con la realidad étnica y poblacional del país. De no ser por el paisaje, cuando ves determinados anuncios comerciales parece que estás en cualquier lugar de Europa o Estados Unidos y no en la República Dominicana.
  6. El trujillismo diseñó una política de documentación estadística que continúa vigente hasta nuestra días y que se basa en negar la mayoría negra y afrodescendiente en favor de una supuesta mayoría mestiza de origen taíno y español que se expresa en la asignación del Indio como categoría de identificación racial, algo que usted puede apreciar en el documento de identidad de cualquier afrodescendiente dominicano. El mío lleva una I de Indio bien grande, estableciendo que yo, un negro en toda evidencia no soy negro, sino indio de ascendencia taína y española. Nada más absurdo y ridículo.
El absurdo y el ridículo es lo que domina la política identitaria de la República Dominicana en nuestros días. Los afrodescendientes dominicanos han sido despojados de su identidad ancestral, asumiendo el discurso negacionista de la oligarquía blanca, cristiana y racista que ha gravitado sobre el poder del país durante toda nuestra historia de construcción republicana. Son los mismos descendientes de Báez y Santana, opuestos a compartir el poder con “los negros”, los que siguen mandando hoy en la Nación dominicana e imponiendo las políticas culturales e identitarias.

Los afrodescendientes dominicanos debemos continuar la  lucha que empezó con Lemba y los negros cimarrones, que continuaron los negros esclavizados que se sublevaron contra los blancos esclavistas y realizaron la revolución en la parte oeste de la isla la primera revolución negra antiesclavista, proclamando la República de Haití; la misma lucha que defendieron negros dominicanos como Gregorio Luperón, Liborio Mateo, Gregorio Urbano Gilbert, Mauricio Báez, Maximiliano Gómez, Mamá Tingó y Sonia Pierre.

La identidad dominicana no puede seguir construyéndose negando la presencia africana negra en la cultura e historia dominicana. Los afrodescendientes dominicanos debemos luchar por la recuperación de la memoria histórica de la afrodescendencia y por la reparación de los daños ocasionados por décadas de políticas de Estado de apartheid racial. Debemos salir de la confusión, el miedo y la baja autoestima impuesta por una dinámica negacionista y de menosprecio de “lo negro”, sea africano o haitiano.

Los afrodescendientes dominicanos debemos mirar con atención hacia los procesos de lucha y empoderamiento que llevan otras comunidades de afrodescendientes en la mayoría de países de Latinoamérica. Tenemos que descubrir el valor y orgullo de nuestras tradiciones ancestrales, porque si eso, sin apropiarnos de la memoria histórica de nuestros orígenes no podremos construirnos como sujetos políticos ni sociales de un proceso de construcción identitaria nacional que no encuentra su rumbo ni madurez, precisamente porque se niega a si misma cuando no reconoce el peso de las tradiciones negras africanas entre los elementos constitutivos de nuestra cultura popular.

lunes, 10 de junio de 2013

Afrodescendientes abogan por el fin al racismo institucional en Catalunya

Líderes de la Federación Panafricanista de Catalunya reclaman a las autoridades catalanas y a los partidos políticos poner fin racismo institucional, y demandan al Govern de la Generalitat que impulse políticas públicas que permitan a la comunidad catalana de afrodescendientes poder vivir de forma digna y en libertad, lo que solo será posible si se reconocen y respetan plenamente sus derechos humanos y de ciudadanía.

La declaraciones se produjeron durante la celebración del Taller “Liderazgo y participación política de la comunidad catalana de afrodescendientes”, celebrado el pasado domingo 9 de junio, en Barcelona. A la jornada asistieron líderes y activistas de distintas organizaciones catalanas de afrodescendientes.

El principal objetivo del taller era compartir experiencias y herramientas de trabajo político, social y organizativo que potencien el liderazgo para la participación política de las y los activistas y dirigentes de la comunidad catalana de afrodescendientes.

Entre los temas que abordó el taller se encuentran: “Activismo y organización, la importancia del trabajo en red” e “Incidencia y presencia en los partidos e instituciones políticas”, presentado por Alex Amaro, activista panafricanista y militante de ICV; “Comunicación para el cambio social, sacar provecho a las redes sociales”, trabajado por Diebel Seck, Secretario General de la Federación Panafricanista; “Las mujeres como pilares del cambio social”, a cargo de Fatou Faye Secka, activista, formadora y educadora social; y “Politizar a las juventudes, el reto de construir el futuro”, presentado por Jean Kerby Neff Janvier, activista político y social.

Los participantes en el taller describieron las dificultades a la que tiene que hacer frente la población afrodescendiente en Catalunya en un contexto de crisis económica que ha incrementado de forma dramática las desigualdades sociales, afectando de forma muy severa a las minorías étnicas de origen migrado, en especial a los afrodescendientes sin la ciudadanía reconocida, con o sin “sin papeles”.

Padres y madres afrodescendientes presentes en el encuentro, alertaron sobre el aumento de la segregación racial en las escuelas, evidenciado en la creciente zonificación del acceso a las escuelas basándose en el mapa de la inmigración, a partir del supuesto reclamo de muchos “padres autóctonos” que piden a las autoridades educativas evitar que los “niños inmigrantes” sean la población mayoritaria en las escuelas, una situación que está originando una tendencia perversa a la hora de definir escuelas y zonas en las que debe primar la “supremacía blanca” en aulas, reforzando el racismo institucional y alentando la segregación racial, lo que a futuro incrementaría enormemente la exclusión y marginalidad de la población de origen migrado, en especial de los afrodescendientes.

Los panafricanistas hicieron un llamado a las autoridades educativas para que pongan a la práctica de clasificar y segregar por razones étnicas o de origen a los niños y niñas en edad escolar, defienden que las escuelas sean en su composición el reflejo del la realidad mestiza que viven los barrios del país y no el capricho de algunos padres y sectores que siguen sin digerir la irreversible diversidad que caracteriza a la sociedad catalana de hoy.

Igualmente, los panafricanistas recordaron su compromiso para seguir luchando contra la exclusión sanitaria, las redadas racistas de la policía, los CIE´s y para superar los prejuicios y la discriminación racial en el ámbito laboral.

viernes, 7 de junio de 2013

¿Qué buscamos los afrodescendientes con la política?

Por Alex Amaro | @alexamarobcn

¿Qué buscamos con la política? Hacer nuestro el sueño de Martin Luther King, la lucha de Malcolm X, la constancia de Nelson Mandela, la rebeldía de Winnie Madikizela o Sonia Pierre.

Para los afrodescendientes que nos preguntan qué buscamos con tantas reuniones y encuentros “políticos”, para los que nos dicen “no gracias, no me gusta la política”, sólo me queda decirles que nos reunimos y realizamos encuentros para hablar de política, de derechos humanos y ciudadanía porque hemos pasado de sólo quejarnos a esforzarnos por superar aquellas cosas que nos afectan o no nos gustan, porque los problemas que encontramos para acceder a la atención sanitaria, a la educación, a la vivienda, al empleo, al paro, etc. son problemas políticos que no se solucionan haciendo quedadas de amigos para hacer catarsis, tomar unos tragos o tocar el yembe, no, las redadas racistas de la policía, el racismo, la discriminación racial y la xenofobia son problemas políticos cuya superación no se encuentra precisamente haciendo música, cantando o bailando “mega guay”, no, superarlos exige soluciones reales desde la política, desde el ejercicio pleno de la ciudadanía, desde la defensa permanente de los derechos humanos, construyendo igualdad y bienestar para todos y todas, por eso nos reunimos y hablamos de ello mientras otros realizan sus catarsis o prefieren expresar su rebeldía haciendo el payaso en la redes sociales.
¿Qué buscamos con la política? Hacer nuestro el sueño de Martin Luther King, la lucha de Malcolm X, la constancia de Nelson Mandela, la rebeldía de Winnie Madikizela o Sonia Pierre.
Deben recordar los que dicen no gustarle la política, que éstos hombres y mujeres actuaron desde la política y arriesgaron sus vidas mientras otros prefirieron ser los Tio Tom perfectos, aquí y ahora nos encontramos en la misma encrucijada, ¿Tú qué rol jugaras en éste momento y en ésta lucha?

martes, 4 de junio de 2013

Con Sonia Pierre descubrí el valor de la negritud y la importancia de luchar por ella

Por Alex Amaro | @alexamarobcn

"Nuestra negritud y afrodescendencia es tan azul, blanca y roja como los colores de la bandera dominicana".

Conocí a Sonia Pierre en el año 1998, era mi segundo año de universidad y para entonces militaba en una agrupación política de izquierda que tenía fuertes vínculos históricos con el movimiento de los afrodescendientes dominicanos, en especial con los dominicanos de ascendencia haitiana. Me acerqué a MUDHA (el Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas) para colaborar con la campaña que realizaban por el derecho a un nombre y a una nacionalidad, a favor de niños y niñas dominicanos de ascendencia haitiana. Conocer a Sonia me marcó profundamente , pues fue la primera vez que escuché a una negra dominicana hablar de derechos humanos, de ciudadanía, de racismo, etc.

Aunque pertenezco a una familia de afrodescendientes, nunca antes había escuchado hablar a nadie de mi familia con esa contundencia, todo lo contrario, como la mayoría de afrodescendientes dominicanos intentamos distanciarnos de la negritud, en especial de todo lo haitiano, eso pese a que en mi línea materna tenemos ascendencia haitiana, pero los negros dominicanos no hablamos de eso, nos esforzamos en mantener en silencio nuestra negritud, intentamos, a pesar de lo evidente, el color de nuestra piel, que los demás no noten nuestra negritud y sobre todo evitamos que nos identifiquen con Haití o los haitianos, por eso siempre escuchaba a mi abuelo con sus amigos haitianos o dominico-haitianos hablar creole muy bajito, de forma que solo ellos se escucharan. Por eso me sorprendió escuchar a aquella mujer negra hablar tan alto y claro, en creole o castellano, para defender su derecho a un nombre, a una nacionalidad, pero sobre todo a la ciudadanía, algo que hasta hoy les está negado a muchos dominicanos, sólo por el hecho de ser negros de origen haitiano.

Con Sonia Pierre descubrí el valor de la negritud y la importancia de luchar por ella. El día que descubrí que habían dominicanos y dominicanas a los que se les negaba el derecho al nombre, a la nacionalidad y a la ciudadanía por su ascendencia haitiana entendí porqué en casa a los pequeños no nos enseñaron a hablar ni a entender el creole que los mayores hablaban, porqué la familia de mi abuelo materno tuvo que cambiar el apellido de Pierre por Pérez, de golpe recordé el día que fui a sacar por primera vez mi Cédula de Identidad Electoral (DNI en España, Europa y otros lugares del mundo) la oficial de la junta que me atendió insistió en ponerme la I de Indio en mi documento, pese a que le insistí que era negro y ella una sonrisa en los labios me dijo “tú eres un negrito lavaíto, negros son los haitianos”, desde entonces formo parte de las ridículas estadísticas dominicanas que me contabilizan como Indio o Mulato con único afán de negar institucionalmente a la mayoría negra y mulata del país, esa que puebla los barrios de las ciudades y pueblos, los campos y bateyes.

Desde entonces siempre digo que a la primera negra dominicana que conocí como tal fue a Sonia Pierre, los demás negros dominicanos no quieren ser negros, todavía una inmensa mayoría siente vergüenza de su propia condición, por todos los medios posibles intentan distanciarse de la negritud, de lo africano, de lo haitiano, para reivindicar tan sólo su parte taína o española, porqué todos sabemos que los únicos negros de la isla de Santo Domingo son los haitianos, pero no, Sonia Pierre dijo que no, afirmó por ella, por sus hijos, por mi y por todos los negros dominicanos, dominico-haitianos o no, que nosotros también teníamos derecho a reivindicar con orgullo nuestra negritud, nuestra afrodescendencia, haitiana o dominicana es nuestra, es mía, es tuya, es de todos y todas. Nuestra negritud y afrodescendencia es tan azul, blanca y roja como los colores de la bandera dominicana.

Hoy, no habrá ningún acto institucional de homenaje ni de reconocimiento para Sonia Pierre, tampoco hace falta, porque ese poder ingrato que en vida la odio y la despreció no podrá darle a Sonia lo que en vida no pudieron quitarle, ¡LA DIGNIDAD!