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domingo, 16 de septiembre de 2012

La inepta clase política dominicana y los problemas del país

Por Alex Amaro (@alexamarobcn)

La clase política dominicana es inepta. Los tres partidos que han gobernado la Nación dominicana, PLD-PRD-PRSC, han demostrado su incapacidad para resolver los principales problemas país. Después de 50 años, en lo que se han repartido el poder del Estado, el resultado de las distintas gestiones de gobiernos es mediocre. Entre los muchos problemas existentes, a continuación, me voy a referir a algunos muy sentidos y que se encuentran entre las principales preocupaciones de la ciudadanía.


La educación pública es de mala calidad y de precaria cobertura. Sin recursos adecuados, con una oferta curricular mediocre y con un personal poco motivado (cuya cuestionable formación es también otro de los graves problemas), el sistema de educación pública del país resulta ineficaz para crear ciudadanos y ciudadanas que respondan de forma adecuada a las exigencias sociales de los tiempos actuales. La dramática situación del sistema educativo ha movilizado a amplios sectores de la sociedad civil para exigirle a la clase política gobernante que destine al menos el 4% del PIB a la mejora de la educación pública. Los hijos de los miembros de la clase política estudian en las más elitistas instituciones del país y del extranjero, muchas veces acceden a becas financiadas con fondos públicos, siempre mediante el tráfico de influencias.

La salud pública mata. El sistema de salud pública en la República Dominicana es uno de los peores en la región latinoamericana y del mundo. La atención sanitaria en los hospitales públicos es horrible. Con recursos muy limitados, el personal sanitario tiene que hacer frente a todo tipo de enfermedades y situaciones, llegando a ser mortales, inclusive, dolencias cuya cura sería posible con un simple tratamiento de antibióticos. Los políticos gobernantes cuentan con seguros de salud privados, si enferman ellos o sus familiares regularmente son atendidos en Estados Unidos y Europa.

Vivir sin vivienda digna. La mayoría de la población del país es pobre o muy pobre. Mucha gente vive en condiciones precarias, en viviendas construidas de forma artesanal y sin las condiciones de higiene más elementales para decir que se vive con dignidad. Muchas viviendas carecen de habitaciones para todos sus miembros, de cocinas higiénicas y adecuadas, incluso de baños o letrinas. Todo esto mientras con dinero del Estado se ha construido apartamentos y villas para funcionarios de los distintos gobiernos, así como para sus familiares y acólitos.

Empleos precarios. El país cuenta con un mercado de trabajo irregular y precario. La mayoría de los empleos están muy mal pagados. Lo que la gente cobra apenas alcanza para cubrir la canasta básica familiar. De ahí que muchos tengan que recurrir a préstamos, al “fiao”, al “san” o cualquier inventiva social para “estirar el peso” y hacer frente al costo de la vida. Sin embargo la clase política se ha construido un sistema de empleos y pagos con dinero público que resultan obscenos ante la dramática situación por la que atraviesan miles de trabajadores dominicanos. El clientelismo se ha convertido en una de las salidas laborales más demandadas en el país. Es el principal negocio de la inepta clase política dominicana.

La inexistente seguridad pública. Teniendo como fondo los extraordinarios niveles de pobreza, en la sociedad dominicana se han desarrollado unas condiciones de inseguridad pública que mantienen en vilo a importantes sectores de la población, indefensos ante la ola de delitos y crímenes que le pueden asaltar a cualquiera, en cualquier lugar y hora, sin que de momento se produzca una respuesta democrática a tal problemática, debido sobre todo, al alto de nivel de complicidad de los delincuentes con políticos, jueces, policías, militares y empresarios, los que les sirven como medio-vinculo para beneficiarse de la extendida impunidad judicial y mediática, inaugurada primordialmente para beneficiar a políticos criminales y corruptos parte del poder.

Lo descrito con anterioridad evidencia la ineptitud de la actual clase política para hacer frente a los retos del país. Urge la construcción de una alternativa política, social y cultural que nos saque de éste atolladero en el que nos encontramos. Para ello se requiere de cada ciudadano y ciudadana un compromiso expreso y militante para cambiar la situación. No basta con indignarse, hay que comprometerse denunciando y haciendo frente a los despropósitos de la clase política gobernante. Son tiempos de cambio, actuemos, podemos triunfar.

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