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sábado, 1 de septiembre de 2012

Apartheid sanitario, fascismo y lucha de clases en España

Por Alex Amaro (@alexamarobcn)
 
La única salida a la crisis que puede beneficiar a la clase trabajadora es la que se produzca como resultado de su decidida lucha social y política, en las calles y en las instituciones”.
 
El discurso anti-inmigrantes planteado por el Partido Popular (la derecha) durante las últimas campañas electorales hacía prever las terribles dificultades políticas y sociales por la que atravesarían los inmigrantes en España, en el caso de que se consumara el triunfo electoral y la llegada al gobierno de la agrupación derechista.
 
El PP ya es gobierno y sus medidas contra los inmigrantes, con papeles o no, no se han hecho esperar.  El retiro de la tarjeta sanitaria a casi un millón de inmigrantes “sin papeles” a partir de éste 1 de septiembre,  es el primer ensayo de una macabra obra, abiertamente fascista, orientada a agudizar las diferencias sociales, políticas y culturales sobre la que sustenta el inicuo modelo económico “español”, fundado durante los últimos años sobre una mano de obra extranjera barata, joven, formada, sin un fuerte arraigo social y carente de derechos políticos (sin ciudadanía).
 
El Partido imPopular quiere arrebatarle a la clase trabajadora, inmigrante y autóctona, todos los derechos posibles para facilitar la creación de nuevas empresas sobre un modelo de empleo precario, sin vínculo con los derechos sociales y políticos, es decir, empleos ajenos a la ciudadanía. Las medidas implementadas por los imPopulares refuerzan la inescrupulosa economía sumergida, tan extendida en España y de la que se benefician muchos de los sectores (la carroñera oligarquía) que financian el programa político de la derecha franquista (el PP) y los caprichos de la Monarquía (El Rey de la selva y “los otros”).
 
Las medidas implementadas por el gobierno del PP para combatir la crisis y crear empleo, se han basado en exigir a “los españoles” (la clase trabajadora) más sacrificios (pagar a los bancos y salvar a los banqueros) para lograr entre todos (los de abajo) garantizar el Estado del Bienestar y el modo de vida español, pero lo cierto es que el gobierno se ha centrado en salvar el “estilo de vida” (los ingresos) de la oligarquía española (aristócratas y franquistas).
 
Los inmigrantes también forman parte de la inmensa y empobrecida clase trabajadora española. Hay que evitar que el discurso populista de la derecha fascista nos lleve a creer que su falso argumento sobre que “primero los de casa” se orienta a establecer condiciones justas para priorizar el apoyo social que el Estado y el gobierno deben brindar a los ciudadanos, porque no lo hace, lo único que buscan lograr con ello es separar a la clase trabajadora (los de abajo), dividir sus fuerzas y la capacidad de respuesta social frente a tantos abusos e injusticias.
 
La única salida a la crisis que puede beneficiar a la clase trabajadora es la que se produzca como resultado de su decidida lucha social y política, en las calles y en las instituciones. La lucha es contra el “statu quo”, contra los de arriba, oligarcas, capitalistas, aristócratas y franquistas, todos responsables y beneficiarios directos de la crisis. La lucha de clases no ha muerto, lo demuestran el empeño de la clase dominante por dominar el conjunto de la sociedad e imponer un modelo económico retrogrado, insostenible social y ambientalmente.
 
Las movilizaciones sociales  que comenzaron hace un tiempo contra la clase política española (15M) y ahora contra los recortes económicos y de derechos sociales, deben reforzarse ampliando el programa de lucha y orientándolo contra “El Poder” mismo, es decir, contra el conjunto de los grupos e  instituciones que sustentan el fracasado modelo de sociedad actual: la monarquía, el bipartidismo tradicional, la obsoleta constitución franquista de 1978, los 35 del Ibex, entre otros. La lucha es de los de abajo (la clase trabajadora) contra los de arriba (la oligarquía capitalista), la lucha es por el poder, es decir, por la capacidad para reorganizar el presente en beneficio de las mayorías y para construir un futuro posible y sostenible para todos y todas.

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