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miércoles, 8 de agosto de 2012

Una respuesta necesaria, en defensa de la dignidad de los afrodescendientes dominicanos y contra el racismo

Sr. Rafael Antonio, agradezco el esfuerzo que ha realizado usted, al leer y comentar con detenimiento el artículo que he publicado con el título de “La lucha de los dominicanos de ascendencia haitiana expresa su irrenunciable sentido de pertenencia al país”. Sin embargo no comparto el fondo ni la orientación de sus argumentos de análisis y respuesta, ya que forman parte del discurso oficial establecido para mantener el régimen de discriminación y desigualdades que afectan a un segmento importante de la población dominicana que carece de derechos y documentación debido a un proceso organizado para evitar su plena integración a la sociedad dominicana, para sólo permitir que su fuerza de trabajo sirva de soporte al enriquecimiento sostenido de la oligarquía azucarera, de grupos agroindustriales, así como de las mafias inmobiliarias y de la construcción, etc.

Usted habla de la “defensa absoluta y total de nuestro territorio nacional y de lo que como pueblo somos”, y sin refrendar la orientación de tal afirmación le digo que ciertamente debemos defender nuestro territorio, nuestros recursos, montañas, playas, dinero público que va a parar a manos de las mafias políticas que se han repartido el poder durante los 50 años de existencia de ésta moribunda democracia. Haití, ni la migración haitiana representan una amenaza política, militar, ni siquiera económica o cultural para la República Dominicana. La real amenaza la representa el bipartidismo corrupto que se ha erigido como “Caballo de Troya” al interior de la Nación dominicana.

Afirma usted, cayendo de golpe en terribles errores conceptuales, que la izquierda y la derecha debería unirse para consumar el programa de segregación racial y social iniciado por Balaguer y la oligarquía azucarera. Si lo que queda de nuestra izquierda hiciera eso, terminaría por liquidarse como referente de lucha por la justicia, la igualdad social y la democracia. El problema de nuestra supervivencia como Nación radica en las capacidades que podamos crear para garantizar los derechos humanos de todos nuestros ciudadanos, de los nacidos en nuestro territorio, así como de aquellos que de forma voluntaria y libre arriben a nuestro territorio a compartir el trabajo y el “sueño dominicano”.

Me rio con tristeza, pero sin asombro, cuando habla usted de “invasión pacífica”. Y me pregunto yo ¿En qué mundo vive usted? ¿Qué realidad paralela vive usted que le atormenta de tal manera? ¿Realmente se cree usted la increíble fábula neo-trujillista de la “invasión haitiana”? No quiero ofenderle, pero debo decirle que, está usted ya grandecito para creer en “cuco”, “bacá” y “ciguapas”…Despierte sobre al ariete de sus propios argumentos, Haití no es amenaza de ningún tipo para la República Dominicana.

La eliminación de las barreras fronterizas a la que usted hace referencia, asignándole a la izquierda haitiana el valor de plantearla públicamente, responde a una tendencia global, mire usted, llamada precisamente “globalización”, que tiene como objetivo garantizar la libre movilidad de las personas entre países con acuerdos de intereses comunes. Ese podría llegar a ser el caso de las relaciones dominico-haitianas, pero de momento es un avance social y humano logrado por algunos países y regiones del mundo, por ejemplo: la Unión Europea y el Acuerdo de Schengen.

Pero ésta es una construcción social que no se reserva a los europeos, algunos países centroamericanos y suramericanos han levantado las restricciones fronterizas como parte de sus acuerdos para construir un futuro común. Hay que mirar al mundo y no caerse al suelo del vértigo que provoca mirarse con infantil tozudez el ombligo.

Para los que somos de izquierda hay una agrupación social más importante que la propia Nación y se llama “Clase obrera”. Los inmigrantes haitianos son clase obrera y esos en el lenguaje político y en nuestra forma de concebir el mundo, compartir la condición de “clase social” nos hacen compatriotas.

Con el tiempo, la realidad nos ha demostrado que el cauce natural de los nacionalismos es el fascismo. Su discurso así lo confirma. No se puede hablar con tanto resentimiento si no se albergan nefastos propósitos en la pre-conciencia que acompaña a la acción política.

Un breve repaso por nuestra historia

Resulta necesario recordarle que la sociedad dominicana se ha conformado a través de distintas olas migratorias, en las que ciudadanos de distintos países y regiones del mundo llegaron a nuestro país para realizar sus vidas y compartir con nosotros las tareas de construir el futuro constante de la “Patria”.

En esos viajes han llegado españoles, italianos, francés, alemanes, estadounidenses, puertorriqueños, cubanos, venezolanos, mexicanos, colombianos, suizos, turcos, sirios, libaneses, egipcios, israelíes, belgas, japoneses, chinos, coreanos, argelinos, entres otros grupos de extranjeros que han logrado integrarse a nuestra sociedad sin los contratiempos ni resistencia que han encontrado los afrodescendientes (cocolos, afroamericanos del sur de EEUU, etc.) y dominicanos de ascendencia haitiana.

Con el objetivo de relanzar la industria azucarera en los años 70s, el gobierno del tirano Joaquín Balaguer, en connivencia con la oligarquía azucarera pactó con la dictadura haitiana de los Duvalier, el envío a la “Parte Este” de la isla de contingentes de trabajadores haitianos, los que que desde su llegada fueron despojados de todo derecho. Se les recluyó y hacinó en los bateyes sin las más mínimas condiciones para vivir y trabajar con dignidad.

A los trabajadores haitianos traídos “legalmente” al país no se les reconoció ningún estatus migratorio ni jurídico y se les obligó a trabajar en condiciones de semi-esclavitud, convirtiendo la explotación intensiva de su mano de obra barata en la base del renacimiento azucarero del país y en fuente del enriquecimiento desmedido de la oligarquía azucarera. Y es ahí cuando se inicia ésta situación de racismo, xenofobia, exclusión y marginación institucional. El Estado dominicano nunca tuvo una política seria ni justa para gestionar los flujos migratorios que necesitaban ciertos sectores económicos del país para garantizar la mano de obrar barata que sostener su funcionamiento y desarrollo.

El ineficiente Estado dominicano, tan corrupto y fallido como el haitiano, no ha dispuesto nunca una política gubernamental orientada a facilitar la integración social de los inmigrantes de origen haitiano y de sus descendientes, que de acuerdo a la violentada constitución que nos regía hasta el nefasto 26 de enero de 2010, son dominicanos.

Por lo que yo afirmo que, las reivindicaciones de los dominicanos de ascendencia haitiana se sitúan en el centro mismo de las luchas llevadas a cabo por los sectores populares para construir una democracia real y un Estado de derecho que funcione sobre ésta maqueta de Nación, que ciertamente ocupa la “Parte Este” de la Isla de Santo Domingo. Mientras la justicia y nuestra pre-democracia no garanticen la inclusión social y el ejercicio pleno de la ciudadanía por parte de los dominicanos afrodescendientes y de ascendencia haitiana la lucha por los derechos civiles seguirá vigente y el bienestar social una tarea inconclusa.

Le advierto que la historia de la victoria de la justicia puede ser lenta, pero es segura. Así nos lo muestra la historia de lucha de los afrodescendientes en los Estados Unidos de Norte América, vigente hasta nuestros días, pero victoriosa. Hoy un negro, nacido fuera del territorio continental, hijo de un inmigrante africano islamista es Presidente de los EEUU. Un país es donde hasta hace 40 años los negros nos eran considerados “americanos”, eran como dicen ustedes aquí, “trabajadores en tránsito”, pero hoy son ciudadanos de pleno derecho y con un gran poder. Los racistas que les opositaron hoy están es sus guaridas cavilando lo irrealizable y mordiendo el polvo de su justa derrota; tan sólo les queda recordar con añoranza este triste y vergonzante pasado que no volverá.

Llegará el momento en el que los dominicanos afrodescendientes y de ascendencia haitiana podamos ejercer nuestras ciudadanía a plenitud. Lograremos ejercer con responsabilidad los derechos y el poder que nos ha sido negado por gente como usted. Quizás alguno de nosotros pueda convertirse el presidente o presidenta, algo que la resistencia de los racistas no le permitió a Peña Gómez.

Me despido evocando el espíritu de lucha de grandes dominicanos y dominicanos afrodescendientes y de ascendencia haitiana, entre muchos, cabe destacar a Liborio Mateo, Mamá Tingó, Maximiliano Gómez, Peña Gómez, Sonia Pierre y otros tantos, deportistas, intelectuales, escritores, poetas, pintores, músicos, bailarines, médicos, maestros, ingenieros, arquitectos, peloteros, políticos, obreros, campesinos, chiriperos, amas de casa, estudiantes.

¡Habrá Patria con nosotros o no habrá!

6 comentarios:

  1. Muy buen articulo y muy buena respuesta, correcto y comedido como siempre.Asi que,querido Alex, dejeme decir le a algunos de sus opositores que deberian empezar a quitarse ese complejo que mchos de sus paisanos tienen con el color de piel y mirar a su lado con mas respeto, pues fuera de su isla mchos compatriotas padecen lo que los haitianos en rd... Porque no todo depende del color con que se mire! A.M 80

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    1. Gracias por tu comentario.

      El problema del racismo en RD parte de una deformación histórica en la construcción del pensamiento político y social, así como de las prácticas culturales, en las que la oligarquía pro-hispánica, siempre tana pendiente de sus orígenes europeos ha intentando mantener la “supremacía” cultural por medio de una férrea hegemonía política fundada en el miedo contra lo que ellos llaman la “invasión pacífica” de Haití al país. Pero todo esto es parte del insuperable “delirium trémens” de unos pocos acomplejados (con mucho poder) que nunca han superado el hecho de no ser vasallos de la aun moribunda Corona española.

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  2. Estoy deacuerdo en que se regularicen a los que han nacido en república dominicana . Y que hagan leyes migratorias. Bien concretas como en los países desarrollados. Y que los haitianos paguen impuestos como los dominicanos.

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    1. Gracias por ti visita y comentario.

      Es un acto de justicia reconocer los derechos migratorios acumulados por los trabajadores haitianos traídos al país por el gobierno y empresas dominicanas. No piden nada que por ley no les pertenezca.

      Ciertamente debe haber leyes migratorias claras, justas y responsables. No sólo para que los haitianos paguen impuestos, como dices, que deben pagarlos, sino también para que aquellos que se sirven de su mano de obra paguen al Estado todo el dinero que hasta ahora han defraudado por concepto de impuestos de la renta y de pagos a la seguridad social, entre otros.

      Recuerda que la “barata” mano obra haitiana es la principal fuente de enriquecimiento de sectores como la industria azucarera, la construcción y la agro-industria. Y en ninguno de los tres sectores está regulada la contratación de trabajadores y menos las responsabilidades civiles que con ello contraen las empresas.

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  3. Como un afrodescendiente quiero expresar mi admiracion por tu artículo. Soy un activo defensor de mi raza Dominico Haitiana y lo grito a los cuatro vientos. Es una pena que muchos de nosotros no tengamos las bolas de admitir lo que es tan obvio y esta tan a la vista. Haiti, nuestro pais hermano de tierra y sangre nos necesita hoy mas que nunca...

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  4. Gracias Osaliki!

    Ciertamente tantos años de políticas racistas y xenófobas nos han despojado de algo muy importante para poder impulsar esta lucha, el “orgullo”. Durante décadas la negritud, la afrodescendencia y la ascendencia haitiana ha sido machacada, menospreciada y puesta en valor nulo o negativo. Ser negro en RD ha sido una tortura para muchos, ha supuesto la vejación y la discriminación constante. Han logrado que muchos sientan lastima de su condición de afrodescendiente, vergüenza de su negritud. Sin embargo, poco a poco vamos ganando confianza y orgullo. Hoy muchos reivindicamos nuestra innegable negritud y con ello nuestra afrodescendencia o ascendencia haitiana. Y debemos hacerlo de la misma forma en que otros se sienten orgullosos de su ascendencia europea, árabe o americana.
    La lucha permanente y decidida es el único camino que nos permitirá lograr la reparación histórica de la memoria de nuestros antepasados y la de nosotros mismos.

    Saludos fraternos!

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