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lunes, 20 de agosto de 2012

La rebelión de las esperanzas

Por Alex Amaro (@alexamarobcn)

Para combatir la pobreza y superarla, urge recuperar el ejercicio libre y cooperativo de la ciudadanía”.

Recientemente celebré nuevamente mi cumpleaños. Un breve repaso por mi vida me confirmó lo que ya desde hace algún tiempo venía sospechando, que más de la mitad de los años que llevo vividos los he dedicado ininterrumpidamente a trabajar y luchar para vivir en un mejor país.

Con satisfacción y recurrente urgencia, no sin presagiadas decepciones, me he mantenido vinculado políticamente a las esperanzas de cambio de una parte insurrecta de la sociedad dominicana, ciudadanos convencidos de que la actual situación de injusticia que impera en el país puede ser revertida y que en su lugar podemos impulsar un modelo de sociedad justo y equitativo que nos permita construir desde la cooperación y la solidaridad el progreso necesario para garantizar la libertad y el bienestar que nos haga felices.

Los años que he cumplido (pensando en que el tiempo puede resolver ciertas cosas) podrían haber bastado para que éste proyecto inacabado de país construyera las bases autónomas de su propio desarrollo y cumpliera con las exigencias mínimas para considerarse un país moderno, prospero, beneficioso y seguro para sus ciudadanos. Pero no ha sido así, el tiempo sólo ha servido para prolongar y perfeccionar un régimen de opresión e inequidad que ha sumido en la pobreza más extrema y horrenda a millones de personas, expulsado a otros tantos al exterior (la diáspora) y muy recientemente desnacionalizando a aquellos que han quedado atrás y abajo (afrodescendientes y dominicanos de ascendencia haitiana) en la interminable pirámide de desigualdades sobre la que se erige el “milagro dominicano”.

La extensión y agudización de la pobreza económica ha generado en el país un proceso de empobrecimiento cultural que ha frenado el ejercicio de la ciudadanía, pasando a un escenario de mercantilización de las competencias sociales dirigidas a mantener la dinámica institucional en la que supuestamente debe basarse la democracia. El clientelismo ha reemplazado a la ciudadanía. Los ciudadanos sumidos en la pobreza se niegan a sí mismos tal condición y entran al “mercado de la democracia” como clientes de un modelo de compra y venta de voluntades y capacidades que permiten mantener el “statu quo” sobre el que se funda el perverso modelo de corrupción política y administrativa que hace más ricos a unos pocos y más pobres a la inmensa mayoría.

El proceso de empobrecimiento de la sociedad dominicana no sólo ha supuesto el expolio de sus inmensos recursos naturales y económicos, ha implicado, además, el despojo de las capacidades de imaginar y pensar en otras formas de vida. La imposición de una implacable teología al servicio del “statu quo”, que proclama la pobreza como un “designio divido”, hace que un pueblo adoctrinado religiosamente para aceptar con “devoción” su pobreza no esté dispuesto (de momento) a contradecir la “palabra de Dios” y acepte con resignación la “firme voluntad del Señor”.

La teología de la pobreza es arma ideológica más sofisticada con la que cuenta El Poder Actual para mantenerse de forma continuada gobernando para el beneficio de sus “socios-clientes”. La teología de la pobreza es la herramienta por excelencia utilizada para quebrar las voluntades de cambio que surgen en el seno del pueblo en lucha. La teología de la pobreza es la principal enemiga de la esperanza.

Para combatir la pobreza y superarla, urge recuperar el ejercicio libre y cooperativo de la ciudadanía. Hay que desconstruir el actual sistema pre-democrático y clientelista sobre el que se erige el ineficaz e ineficiente Estado. Para cambiar el “statu quo” es necesario impulsar una revolución social y cultural que nos permita construir nuevas formas de poder para gestionar el progreso y el bienestar  de forma solidaria y cooperativa. Para hacer la revolución debemos recuperar la esperanza. Para recuperar la esperanza debemos rebelarnos contra la “liturgia de de la sumisión” que nos han impuesto los teólogos de la pobreza al servicio del Poder Actual.

La rebelión de las esperanzas, es la decisión comprometida para cambiar el mundo actual y las ideas que lo sostienen. La rebelión de las esperanzas es la determinación no-teológica para buscar incesantemente la libertad, el bienestar y la felicidad.

4 comentarios:

  1. Alex, efectivamente debemos luchar cada día por cambiar este sistema injustos. Lo lograremos si nuestras estrategias y tácticas giran en torno a la construcción de una verdadera ciudadanía consciente de sus necesidades y esperanzas para el disfrute de una mejor calidad de vida, de un mayor bienestar general. Todo eso basado en la libertad y la democracia participativa que tanto hace falta en nuestra patria. Hasta la victoria!

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    1. Esa es la tarea Jonathan, cambiar el modelo y construir democráticamente uno más justo y equitativo. Lo que implica reconstruir la ciudadanía desde el ejercicio libre y cooperativo de cada individuo. Es necesario, también, mejorar las capacidades de intervención política de pueblo en general, pero sobre todo de los activistas y militantes del cambio social. Sólo el conocimiento nos hará libres!

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  2. Por eso a mi me gusta mas la Teología de la Liberación, que es hija de la teología de la Esperanza, el espectacular Moltmann y de la Teología Politica de Metz. Ciertamente una teología que favorezca status quo para apoyar poderosos es ideología del opresor barnizada. @jmsssj

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    1. 2. La Teología de la Liberación forma parte de nuestro acervo político y cultural, es una herramienta útil para la construcción del pensamiento político colectivo y cooperativo que nos debe llevar a superar el actual modelo de injusticia e insolidaridad, permitiéndonos crear de forma democrática un modelo de sociedad más justo y equitativo. Sin embargo urge actualizar sus postulados y la retorica vinculante de forma que enriquezca y facilite la pluralidad que necesitamos para lograr articular un movimiento político lo más parecido a la sociedad de hoy.

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