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lunes, 13 de agosto de 2012

Ante el nuevo viejo gobierno, nueva política democrática

Por Alex Amaro (@alexamarobcn)

Si Danilo Medina mantiene intacto el manto de impunidad que protege a la cúpula corrupta de su partido, no esperemos de su virtual gestión cambios sustanciales en las formas de gobernar y gestionar las políticas públicas”.
Danilo Medina, un nuevo presidente para continuar en “lo mismo”

El día en el que se conmemora el 149 aniversario de la restauración de la República, Danilo Medina se juramenta como nuevo Presidente de la Nación dominicana, el octavo del periodo democrático post-Trujillo.

El nuevo presidente encuentra el país hecho una ruina después de 46 años de ineficaces gestiones de gobierno, de los cuales su organización política, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ha gobernado 12 años, contribuyendo de forma espectacular al deterioro progresivo de la sociedad dominicana, reflejado en el vertiginoso aumento de la pobreza y en la perversión continuada del sistema político y democrático.
Es difícil pensar que Danilo Medina esté dispuesto a cambiar la mecánica política y cultural que le ha permitido al PLD llegar al poder y mantenerse en el gobierno de forma ininterrumpida durante los 8 años cumplidos y, quizás, durante los 4 por venir. Hacerlo supondría toda una revolución política dentro de su partido, pero además, oxigenaría la insistente demanda de la sociedad civil para que el nuevo gobierno lleve a cabo un sostenido proceso reingeniería política que nos permita ampliar y consolidar nuestra precaria democracia.
Si Danilo Medina mantiene intacto el manto de impunidad que protege a la cúpula corrupta de su partido, no esperemos de su virtual gestión cambios sustanciales en las formas de gobernar y gestionar las políticas públicas.
Pese a los exiguos ribetes “progresistas” de su discurso y a los amagos populistas de entablar alianzas “estratégicas” con gobiernos de izquierda, como el de Dilma Rousseff, en Brasil, la deriva neoliberal de los anteriores gobiernos peledeístas delatan la posible tendencia del mandato danilista. Su compromiso será mantener el “statu quo”, cediendo quizás ante algunas de las reivindicaciones planteadas por la sociedad civil. ¿Ante cuál? La irresponsable opacidad de la clase política dominicana no nos permite saber con certeza si las autoridades electas cumplirán algunas de las propuestas y compromisos asumidos durante la campaña electoral.
Lo único previsible, el choque de titanes
En el transcurso del “nuevo” gobierno, se prevé un confrontación directa por el control absoluto del poder entre la recompuesta estructura danilista y la conservada maquinaria leonelista. Es difícil anticiparse a como se desarrollaran los acontecimientos, pero lo cierto es que la previsible “pelea de gallos” entre los dos titanes peledeístas puede acelerar o dilatar la “reestructuración del poder” y la implementación de las medidas de gobierno que contribuyan a construir la marca Danilo en oposición y distanciamiento de la marca Leonel.
La crisis que se produzca a lo interno del PLD, como la que se está desarrollando en el PRD, no pueden hacernos perder la orientación política ni desvirtuar el camino de nuestras luchas a favor de la creación de un real Estado derecho que nos permita sentar las bases de un nuevo proceso político, social y cultural que nos coloque con seriedad, responsabilidad y de forma sostenible en la senda del progreso, el bienestar y la justicia social.
La nueva política, el reto de salvar la democracia
El continuismo apabullante del PLD en el gobierno, obliga a los sectores progresistas de la nación a crear un contrapeso social y político capaz de garantizar el mantenimiento  de las conquistas democráticas logradas durante los últimos 50 años.
Ante un viejo poder que se prolonga en el tiempo, es preciso opositar con ideas y prácticas políticas innovadas. Los sectores progresistas debemos realizar un esfuerzo responsable y sostenido de reingeniería política que nos permita construir herramientas participativas y estructuras políticas plurales que se orienten a garantizar la vigorosidad de la democracia, fortaleciendo la participación ciudadana y el papel de la sociedad civil, actualizando el rol de los partidos políticos en la sociedad y mejorando de la eficiencia de la administración pública.
La posibilidad de avanzar la necesaria transformación progresista de la sociedad dominicana exige de una ciudadanía comprometida y vinculada con su propio desarrollo; requiere de una sociedad civil activa, capaz de representar libremente los intereses de la ciudadanía, en especial los de aquellos sectores sociales más débiles y vulnerables; obliga a la democratización y profesionalización de los partidos políticos, los que deben ser capaces de ser entidades de interés público y no corporaciones o franquicias mercantiles al servicio de los poderes fácticos que atomizan el Estado.
La clave de nuestra acción política pasa por insistir de forma audaz en la mejora sustancial de la administración pública y en la democratización de los poderes públicos que sostienen el Estado dominicano.
Al próximo gobierno debemos exigirle de forma contundente y continuada mejorar la gestión política y profesional de la administración pública. Urge un mayor compromiso social por parte de las distintas administraciones del Estado, pero también más y mejor transparencia en la toma de las decisiones políticas de gobierno y en el uso de los recursos públicos.
La nueva política debe orientarse a facilitar de articulación democrática de los distintos agentes sociales y políticos comprometidos con el cambio social. La apuesta transversal y colectiva debe ser defender la continuidad, desarrollo y sostenibilidad del proceso democrático. Sólo desde la pluralidad de las ideas y de las propuestas políticas progresistas lograremos construir un referente político-social alternativo capaz de opositar con éxito al poder continuista. Un referente que debe fundarse en el respeto a la diversidad cultural y organizativa como garantía de la expansión y renovación permanente del proceso de construcción democrática.
La nueva política requiere de una izquierda democrática capaz de cooperar políticamente con el resto de fuerzas progresistas y democráticas. Necesitamos recuperar la militancia y la formación política no dogmatica. Debemos esforzarnos por desarrollar espacios de encuentro y de construcción participativa de la crítica social. Debemos apostarlo todo a la política, es decir, comprometernos firmemente con el progreso, el bienestar y la justicia social.

2 comentarios:

  1. Comparto 100% tu análisis. Es un hecho que la hegemonía cultural no cambia de un día para otro. El jueves se cambia de rostro la presidencia, pero es el mismo gobierno con la misma vieja oligarquía que lo controla todo. La partidocracia sigue cavando su propia tumba...-*

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    1. Así es Jonathan, la hegemonía política y cultural sigue estando a favor de la oligarquía, sólo cuando logremos quebrar su poder cultural e ideológico empezaremos a quebrar su poder político y económico.

      Es una gran tarea la que tenemos por delante, pero realizable. Somos la generación que puede hacer posibles la ansiada revolución democrática que exige la sociedad dominicana.

      Seguimos en la lucha compañero!!

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