Vídeos

Loading...

miércoles, 18 de julio de 2012

La UASD en su laberinto

Por Alexa Amaro (@alexamarobcn)

"Privatizar la UASD sería despojar a los sectores populares de una de las pocas herramientas con que cuenta el país para redistribuir las riquezas y generar la exigua movilidad social que de su existencia y precario funcionamiento se deriva".

La crisis de financiamiento de la Universidad Autónoma de Santo Domingo es un problema histórico, cíclico y recurrente que forma parte de su vida política y académica. Es el resultado de una violación sistemática y sostenida de las leyes que describen las formas y fuentes de financiamiento de la academia por parte de los distintos gobiernos durante sus casi 50 años de docencia en democracia.

Durante décadas en la UASD han estallado distintos conflictos derivados de la crisis del financiamiento, un problema que comparte la universidad con el resto de instituciones del Estado que forman parte del sistema de derechos y servicios esenciales (educación, salud, vivienda, empleo, etc.) orientados a garantizar el bienestar y la lucha contra la pobreza.

A la crisis del financiamiento y a los conflictos derivados se suma la campaña permanente sostenida por sectores neoliberales que apuestan por la privatización total del sistema de educación superior, queriendo hacerse sobre todo con el “mercado” que representa la única universidad pública, autónoma y gratuita con que cuenta la República Dominicana.

Una situación crítica que se ve agravada por la incapacidad en la gestión institucional de la academia, en la falta de visión y de reflejos para actualizar la oferta académica y los programas formativos de las distintas carreras.

Pero estos no los únicos problemas de la UASD. La universidad participa activamente del perverso sistema de corrupción y clientelismo que mantiene atomizada a la sociedad dominicana y que drena los recursos públicos que administra el Estado, sirviendo de fuente para la acumulación originaria de capitales, siendo vía para la creación de nuevos ricos y de una parasitaria clase media que ha encontrado en la vida universitaria el fundamento de su statu quo.

Lo último sirve de argumento a los neoliberales y a un segmento importante de la sociedad dominicana que no ve con buenos ojos que se financie a la universidad si se sigue manteniendo la actual estructura inoperante, corrupta y clientelar. Sin embargo, ninguna de estas situaciones justifican por si solas la privatización de la UASD. La defensa de la universidad autónoma tiene que ver con la necesidad social de contar con un servicio de educación superior abierto, público y gratuito que permita el acceso a una titulación universitaria a los sectores populares, económicamente empobrecidos por un modelo de sociedad injusto e inequitativo.

Privatizar la UASD sería despojar a los sectores populares de una de las pocas herramientas con que cuenta el país para redistribuir las riquezas y generar la exigua movilidad social que de su existencia y precario funcionamiento se deriva.

La oposición a cualquier fórmula de gestión que implique la privatización y aumento del coste de los servicios académicos de la UASD debe incorporar el compromiso firme para producir los cambios políticos y académicos internos que permitan la renovación progresista de la institución universitaria. Hay que mejorar la gestión administrativa y democratizarla. Los estudiantes deben contar con mayor participación en el gobierno de la universidad, debe restablecerse el cogobierno al 33% tal y como resultó de la lucha por conquistar la democracia interna, la autonomía y el fuero universitario durante el proceso de destrujillización del país a principios de los años 60.

De los estudiantes se espera la renovación de su compromiso con el país y con el proceso de liberación nacional truncado por los partidos tradicionales, PRD y PLD, aliados en otras épocas de las luchas estudiantiles por la democratización de la universidad y de la Nación dominicana. Los estudiantes deben volver a convertirse en vanguardia de la lucha social por la democracia, el progreso y el bienestar del país. Deben articularse a nuevos referentes políticos y culturales que se orienten a refundar la República para garantizar la justicia social y la igualdad de oportunidades para todos sus ciudadanos y ciudadanas.

La UASD abierta, gratuita, democrática y progresista cobrará sentido cuando la “familia universitaria” vuelva al seno del pueblo con el cual fraguó a sangre y fuego su democracia y autonomía. La universidad tiene que ser un recurso para la superación personal y la mejora social, pero se le exige un mayor compromiso en la lucha contra las desigualdades sociales y la pobreza. La universidad debe liderar el proceso de formación de recursos humanos que necesita el país, creando conocimientos y desarrollando tecnologías que refuercen el progreso de la República Dominicana.

Nota: El autor fue dirigente estudiantil en la UASD. En el año 2000 participó activamente en las luchas estudiantiles contra el aumento de los créditos para el curso de verano. Como respuesta a la lucha estudiantil que derivó en la ocupación total de las instalaciones universitarias de la sede durante el verano del año 2000 el rector Miguel Rosado, impuso de forma administrativa e ilegal la expulsión de la academia de 19 lideres estudiantes implicados en la protesta, entre ellos el autor del presente artículo, Alex Amaro. La sanción se mantuvo vigente hasta el año 2003 cuando el rector privatizador, Miguel Rosado, abandonó sus funciones al frente de la institución. El nuevo rector Porfirio García reconoció la injusticia y levantó la sanción, permitiendo la finalización de los estudios del grupo de estudiantes “expulsados”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario