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miércoles, 6 de junio de 2012

Una elecciones viciadas, un presidente ilegitimo


Por Alex Amaro (@alexamarobcn)

El recién finalizado proceso electoral ha puesto en evidencia las profundas carencias que padece el sistema democrático en la República Dominicana, resaltando la perversión del sistema político y de partidos, una situación que se agudiza por el déficit en el ejercicio de la ciudadanía que envilece a la sociedad y frena el desarrollo de una alternativa política y social critica ante el actual estado de cosas.

El triunfo del PLD representa el fracaso del proceso democrático, ya que ha sido fruto del uso inadecuado de todos los recursos del Estado a su alcance, del abuso continuado del poder y de la imposición de unas pautas electorales que en cualquier escenario posible iban a garantizar el triunfo de Danilo Medina, su candidato presidencial.

Mediante una combinación espectacular de la demagogia populista, el clientelismo y la represión el PLD ha impuesto al país una candidatura presidencial sin carisma en la sociedad y con un liderazgo de partido profundamente cuestionado durante los últimos años.

Sobornos, chantajes, crecimiento extraordinario  de la nomina del gobierno, acoso a los periodistas críticos con el gobierno, persecuciones, escuchas telefónicas ilegales, arrestos, son las algunas de las malas prácticas de las que se hizo uso y abuso durante la campaña electoral, asignándole un componente de violencia estructural al proceso que deshizo cualquier intento de renovar la política, sumiendo a la sociedad en una competencia electoral fundada en el miedo reciproco entre los partidarios del continuismo como normalidad y del retroceso como alternativa.

Esta competencia electoral fundada en el miedo, afectó de manera muy sensible la posibilidad de que se construyera una alternativa política y social al bipartidismo tradicional. Lo que sumado a la incapacidad de las agrupaciones políticas progresistas y de izquierda de concertar una candidatura presidencial común facilitó la hegemonía electoral del bipartidismo y frenó electoralmente a las fuerzas que presentaron candidaturas independientes. Entre las cuatro agrupaciones alternativas (Alianza País, Dominicanos por el Cambio, Alianza por la Democracia y Frente Amplio) sumaron en total el 1,83% de los votos validos emitidos, frente al 98,16% que cosechó el bloque bipartidista.

Lo cierto es que pese a su discurso modernizante, Danilo Medina es el resultado directo de los más rastreros y nefastos métodos de ascenso al poder político conocidos en la República Dominicana, emulando a la más perversa, sanguinaria y eficiente maquinaria balaguerísta. El PLD de hoy se parece más a Balaguer que a Juan Bosch.

Danilo será presidente sí, pero uno con poca legitimidad, ya que su triunfo excede a sus meritos y es sobre todo el resultado de un proceso electoral viciado desde el principio al fin. Un presidente ilegitimo cuyo discurso de campaña fue desmentido en todo momento por la práctica política y de gobierno de su partido. Sus palabras contra la corrupción y su “compromiso” para combatirla fueron desautorizadas por la presencia protagónica en sus equipos de campaña de destacados miembros del actual gobierno señalados públicamente como “funcionarios corruptos”.

El afán demagógico hizo que Danilo Medina presentara una gran cantidad de propuestas que en el caso de ser elegido presidente implementaría durante su gobierno. Ante el hecho consumado ya veremos si está dispuesto a enfrentarse a la maquinaria corporativa y corrupta impuesta por el leonelísmo y cumple algunas de sus promesas, sobre todo aquellas referidas al combate de la corrupción y la pobreza, estableciendo un modelo educativo que potencie el desarrollo humano, garantizando el acceso a un sistema sanitario público de calidad e impulsando un modelo económico y social más igualitario, justo y solidario.

Danilo tiene la pelota en su cancha.

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