Es el olor del aliento de la lluvia
atravesando la áspera piel de la tierra,
de fondo, un paisaje verde y espeso,
y un poco más allá, París,
preñada de amores locos, sueños y adoquines,
tensa entre cercana distancias,
y está la lluvia,
que, al besar mi sombra,
me empapa de su melancolía.
La lluvia no hace otra cosa
que traerte hasta mi,
coqueta y tierna,
para hacerme amarte,
para que te tome, entre mis brazos,
con furia y sin ninguna esperanza,
lejos de las luchas
que hace ya mucho tiempo,
juntos, libramos.
Luchas de tantos, que nunca,
propiamente, fueron nuestras.
La lluvia que se derrama a gotas,
que hace fría,
simula ser romántica,
como si con eso quisiera,
despertar en mi,
aquellos sueños que dejé perdidos
en las largas noches
en que aun te extrañaba.
Y he vuelto a París,
con la certeza de que ya no estabas
y la rabia, absurda, al pensar
que nunca me extrañaste.


1 comentarios:
ME GUSTO MUCHO TU POEMA YO TAMBIEN INVENTO LOS MIO LAMENTABLEMENTE SON CASI TODOS TRISTES ...
SALUDOS
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