Abrí el pecho al aire y encontré unos versos despidiéndose de la luna. Recorrí unas cuantas calles masticando el dulce sabor de ese lunar que no tienes en la mejilla. Conté hasta cien y me deslicé indiferente por la acera, tropecé con colillas que no tenían estampadas las gruesas líneas de tus labios; y con papeles marchitados que no lograban describir tu sonrisa. Pisé un trozo de diario y al mirarlo, descubrí, que llevaba escrita la palabra “crisis”, y lo tomé, y quise ver, si en él, estaban escritos tu nombre y el mío, pero no, el diario hablaba, confusamente, de otras cosas.
Y las golondrinas dibujaban su canto en el viento, y yo las miraba, les sonreía, y les perseguía con el aroma matutino de mi aliento.
…Y las golondrinas trinaban y dejaban caer, sobre mí, su eco.
…Y las golondrinas volaban y se perseguían entre si, y yo plantado en la acera les miraba, aferrando los pies a los adoquines para no saltar y seguirlas y trazar, así, mi ausencia en el viento, y perderme cielo adentro.
…Y las golondrinas siguen allí, calentando sus alas en el sol, y yo aquí, sentado en el sofá, retorciendo unos versos que quisieron ser libres pero no los dejé escapar… Cómo dejarlos volar, si yo no puedo seguirles…
Espacio de encuentro y creación.
Animación para la busqueda incesante de la felicidad. Nido del deseo y de la ternura.
Trinchera de pequeñas, pero, importantes batallas.
Un espejo para ver sin sombras tu rostro y el mio.
Tu y yo, frente a frente, con tinta y lapiz para desgastarnos en soberbias pasiones y hacer del amor la razón y la fuerza.