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miércoles, 13 de enero de 2016

Construyamos un mejor país


La política debe dejar de ser un instrumento para el enriquecimiento ilícito de unos pocos en detrimento de la inmensa mayoría del pueblo dominicano. Llegó la hora de asumir la política como una herramienta para avanzar como sociedad y construir un país mejor.

Las elecciones generales de mayo de 2016 se presentan como una oportunidad para el cambio y la mejora del país, no sólo porque logremos diversificar la composición social de las instituciones, que también, sino porque esa diversificación debe impulsar la lucha por más democracia y mayores libertades. Nuestra tarea política fundamental, es promover la construcción social de la ciudadanía y el desarrollo de un nuevo sujeto político de aspiraciones progresistas y una heterogénea base popular.

Es validad nuestra apuesta política fundamental para la presente coyuntura es construir una mayoría electoral que derrote a la mafia peledeísta en las próximas elecciones, pero no es la única. Aspiramos a construir, de verdad, un mejor país. Por eso, no limitamos nuestra acción a apoyar al PRM, a La Convergencia y a sus candidaturas, no, nuestra apuesta política va más allá y pone el énfasis en la construcción de ciudadanía, en la promoción política de nuevos sujetos sociales y en la defensa de temas vinculados al desarrollo sostenible del país, a la democracia y al reconocimiento pleno de libertades que consagren la felicidad de manera individual y colectiva.

Nuestra apuesta estratégica es sacar a la República Dominicana del atraso social en la que se encuentra cautiva, y para ello debemos derrotar a las fuerzas conservadoras y antidemocráticas que han dirigido el país durante las últimas décadas, las nominales y las de facto. Apostamos por desarrollar un liderazgo político que represente a las bases progresistas de la sociedad que somos hoy. Tenemos que derrotar el inmovilismo, el derrotismo y la pereza que se cierne sobre nosotros y las alternativas político-sociales de cambio. Llegó la hora de apostar por la decencia y la honestidad, tanto como por la eficacia, la eficiencia y la racionalidad de nuestras actuaciones políticas. Hay que pedir cuentas y rendirlas. Hay que aspirar al cambio y construir su posibilidad cada día.

Hay que cambiar el país en el fondo y en sus formas. El cambio al que aspiramos en uno que se logra con una mayor participación de la ciudadanía, con una nueva y dinámica institucionalidad democrática, una capaz de responder a las aspiraciones de la gente y satisfacerlas. Necesitamos políticos capaces de comprometerse con la mejora de las condiciones de vida de la gente, procurando mejores de niveles de atención social, seguridad pública, así como de generar oportunidades para el desarrollo individual y colectivo.

El desarrollo al que aspiramos debe permitirnos disfrutar responsablemente del país y de sus recursos. No podemos seguir con ésta carrera desarrollista que va destruyendo nuestros recursos y expulsando a las personas de sus territorios. El desarrollo económico que nos permita superar la pobreza, debe ser social y ambientalmente sostenible.

Necesitamos construir un país capaz de proteger a su gente y a aquellos y aquellas que eligen nuestro territorio para forjar su proyecto de vida. Debemos ser capaces de construir una institucionalidad fuerte y empática que brinde confianza y seguridad, con especial atención, a niños y niñas, a envejecientes, jóvenes, personas con diversas capacidades. Una nueva institucionalidad y unas formas de relacionarnos que supongan la libertad plena de nuestras mujeres y que quiebre de una vez por todas, éstas relaciones perversas que las cosifican y las hacen vulnerables ante un machismo que hiere, lastima y a veces mata. Necesitamos un país capaz de reconocerse como una tierra de migrantes, de gente que va y viene buscando mejores oportunidades, por eso debemos procurar un nuevo enfoque sobre las migraciones, en especial, sobre los dominicanos y dominicanos que salen del país, y sobre los haitianos y haitianas que llegan al nuestro.

Debemos seguir apostando por la familia como núcleo primario y fundamental de nuestra sociedad, pero entiendo que hay otras dinámicas y paradigmas para formarla, por lo que debemos garantizar que todas las personas, desde sus distintas opciones e identidades, puedan contar con las mismas garantías que el resto para amarse libremente, casarse y formar familia bajo la protección del Estado.


La base del cambio somos nosotros, las personas que ejercemos responsable nuestra ciudadanía, si el cambio no llega, probablemente es que no hayamos hecho lo necesario y suficiente.

martes, 26 de mayo de 2015

Derrotar al PLD y recuperar las instituciones para la democracia

El título del presente documento, expresa claramente lo que en mi modesto análisis deberían ser dos de las tareas más urgentes de la oposición democrática frente al desafío autoritario planteado por el Partido de la Liberación Dominicana, y que sin tapujos ha quedado evidenciado en el marco de su debate interno sobre las pretensiones reeleccionistas del presidente Danilo Medina.

Las recientes declaraciones del expresidente Leonel Fernández, reflejan el desprecio de la dirigencia peledeísta por la democracia y las instituciones del Estado, pues dirimen sus contradicciones y diferencias de manera directa y sin que los ciudadanos y ciudadanas puedan intervenir en el debate y en la toma de decisiones. La dirigencia peledeísta es consciente del poder que ejerce sobre las instituciones del Estado, teniendo capacidad, como hasta ahora, de aprobar en solitario, cuantas medidas entiendan oportunas para el ligero discurrir de sus objetivos e intereses.

 La arrogancia del ex-presidente Fernández, erigiéndose como garante de la Constitución de 2010, resalta el marcado carácter personalista de la reaccionaria carta magna, aprobada durante su último gobierno, bajo el influjo directo de los sectores más conservadores de la sociedad dominicana.

El peledeísmo ha utilizado el poder para enriquecerse, empobreciendo de manera alarmante a amplios sectores de la sociedad dominicana, generando unas condiciones de exclusión y marginación, que han degrado profundamente la vida y dignidad de las personas. Las ansias de dinero de la dirigencia del PLD han convertido a la República Dominicana en un narco-estado, incrementando el sufrimiento de la población producto de las tensiones derivadas del negocio de la droga  y la guerra de los carteles dedicados a su tráfico y al lavado de activos. Son ya conocidos los nombres de varios altos funcionarios de la formación oficialista, señalados dentro y fuera del país, como colaboradores necesarios de los carteles de la droga y de las redes de lavado de activos.

Todo esto sucede ante los ojos de una oposición que sigue sin encontrar el nervio político requerido para oponerse de forma contundente a todo cuanto ocurre bajo los desmanes del oficialismo. Es hora de dar un giro en la actividad de la oposición democrática, estableciendo dinámicas de posicionamiento político y movilización social que confronten la deriva autoritaria del peledeísmo y abran las puertas a un nuevo escenario que nos permita derrotar el PLD en las próximas elecciones de 2016, y desde ahí, empezar a recuperar las instituciones del Estado para poner en marcha un verdadero proceso democrático, ese que nos debemos desde el inicio de nuestra vida republicana, y que cuando se han intentado, ha sido abortado por las fuerzas conservadoras y reaccionarias de la país.

Oposición democrática y candidaturas unitarias hacia el 2016

Al PLD hay que plantarle cara de manera frontal y radicalmente democrática. A lo único que teme el autoritarismo es a la libertad, y nosotros debemos defenderla en todo momento y cueste lo que cueste.

Todos sabemos las dificultades que hasta ahora han existido para unificar a la oposición en torno a un programa y unas candidaturas unitarias que puedan confrontar con eficacia al PLD y aseguren su derrota en las próximas elecciones. Son dificultades que debemos superar para poder avanzar a un nuevo escenario que nos permita recuperar las instituciones y poder establecer un sistema político verdaderamente democrático que facilite la dinamización de la participación de la ciudadanía en la construcción de un mejor país.

En éste esfuerzo unitario no sobra nadie, todo lo contrario, hace falta todo el mundo, todos los líderes y las organizaciones que les respaldan. Es un momento excepcional que exige medidas extraordinarias. Es un desafío al tiempo y a las estrategias grupales diseñadas a mediano y largo plazo. La fractura interna en el PLD ha abierto una posibilidad de derrotarles, que puede convenirnos a todos y todas, para frenar así y de una vez por todas, el proceso de consolidación de su poder autoritario y su dominio absoluto sobre las instituciones.

Es un momento que exige madurez y sangre fría. No es tiempo para delirios ni excesivas emociones, es tiempo para la política, para la urgencia democrática, para la recuperación del proceso democrático y popular liderado por José Francisco Peña Gómez que fue interrumpido en 1994 y quedó bloqueado en 1996 con la alianza conservadora, reaccionaria y racista pactada por el PLD y PRSC con el bautizo de Joaquín Balaguer como estratega y entonces “salvaguarda de la identidad dominicana”, sin que pudiera recomponerse, ni siquiera con el triunfo del PRD en el año 2000.

Llegó el momento de dar la pelea por abrir las ventas de la esperanza que la alianza conservadora del Frente Patriótico cerró en 1996 y mantiene bloqueadas hasta hoy. Es ahora, cuando toca presentar una alternativa política para la democracia, que nos permita superar los errores que condujeron al desgaste de la fuerza popular que representó el peñagomismo y anime a la recomposición de su legado de movilización social, para ponerlo al servicio de la recuperación democrática de las instituciones usurpadas por la maquinaria mafiosa del peledeísmo. Es por eso, que cualquier espacio opositor debe contar con la participación crítica y autocrítica de los sectores políticos que heredan el peñagomismo y que hoy se agrupan en el Partido Revolucionario Moderno. Y resalto lo de participación crítica y autocrítica, porque los del PRM deben ser conscientes de que su incapacidad a la hora de gobernar entre 1978 y 1986, así como del 2000 al 2004, es lo que ha facilitado el ascenso al poder las fuerzas conservadoras. Ser conscientes de ello, debe moverles a establecer los correctivos políticos necesarios para evitar el fortalecimiento de los sectores conservadores bajo el influjo de sus errores en el gobierno, y quizás también en la oposición nominal. El cambio no debe ser sólo un asunto de nombre, debe implicar la reconstrucción de los valores, o al menos el apego a los supuestos socialdemócratas que dice defender la dicha formación política.

El reto del PRM y de su actual candidato presidencial, Luis Abinader, es lograr componer un frente opositor capaz de dar la batalla para derrotar al PLD, recuperar las instituciones para la democracia y ganar más derechos para la ciudadanía. Debe ser un frente opositor abierto de forma sincera y vinculante a todos los actores políticos y sociales, permitiendo que cada colectivo esté debidamente representado en la propuesta electoral, de ahí, la importancia de que el proceso para la elección de candidaturas a las alcaldías y al Congreso Nacional en el Partido Revolucionario Moderno sea abierto y accesible a dichos sectores, de manera que puedan participar y optar horizontalmente por espacios dentro de la boleta del PRM, teniendo en consideración la necesidad de garantizar la representación a sectores que por dificultades derivadas de la inequidad social o de la falta de recursos para competir en un torneo electoral, podrían quedar fuera de la representación colectiva final. 


El PRM debe corregir el error inicial planteado en el marco de la celebración para elegir a su candidato presidencial, que en mi opinión, debió ser abierto a otros candidatos extra-partido, algunos inclusive dentro de la propia Convergencia para un Mejor País, que sigue siendo participada por la fuerza perremeísta. Quizás debió ser en el marco de La Convergencia que ser produjera la elección de la candidatura presidencial, pero no fue así, pero es algo que podría rectificarse de cara a la elección de las candidaturas a los puestos para las alcaldías y el congreso nacional.

Ningún partido político está en capacidad de ganar las elecciones por sí solos, es algo que debe entender el PRM e incluso Alianza País, que aunque sigue sin ser formalmente reconocida por la JCE, algunas encuestas le otorgan unas simpatías, que para una formación de su tipo y edad, pueden ser buenos, pero insuficientes para ganar las elecciones en el peor de los escenarios posibles, y que precisamente es cuando menos suben sus simpatías, según las encuestas. Quizás, no le vendría mal un poco de realismo y humildad a la formación que lidera Guillermo Moreno, de manera que pueda adelantar un acuerdo político que facilite la unidad de la oposición para derrotar al PLD.

Moreno es un candidato joven y con futuro en la política, su organización también lo es, y creo que deberían confiar más en sí mismos y en sus bases y adentrarse en un esfuerzo unitario que abra camino a sus liderazgos locales y sectoriales, de manera que Alianza País pueda participación en un frente opositor por medio de candidaturas a las alcaldías y al congreso nacional, reservando la candidatura de Moreno para el período de transición democrática que se abriría con la derrota del PLD en 2016.

Los aliancistas deben ser conscientes de que el tiempo juega en su contra y que el poder establecido no les facilitará las cosas, y ha quedado claro que buscan desactivar a toda costa la candidatura a la presidencia de Guillermo Moreno e infundir en sus bases el desaliento y el derrotismo suficiente para poner en desbandada a una militancia ansiosa de participar políticamente y que ante la imposibilidad de hacerlo por medio de una marca electoral propia, lo haría por medio de otra que pueda estar en la disposición de incorporales y darles un espacio electoral. Es una reflexión que la dirección de Alianza País debe hacer, porque la política se mueve, los tiempos no son estáticos, todo lo contrario, cambian continuamente y a veces, de forma muy acelerada.

De igual forma, Minou Tavárez Mirabal y Max Puig, deben mover su liderazgo al servicio de un proyecto unitario para la oposición, derrotando al PLD ganamos todos y todas, sobre todo, gana el país.

Para las agrupaciones que ya forman parte de la Convergencia por un Mejor País, es preciso cuestionar su enorme dependencia del PRM, tanto que, por momentos, parecen estar diluidas en el universo perremeísta, sin capacidad de opinión o movilización propias, reforzando así, viejas prácticas de la política que no harían nada bien a los deseos de recuperar las instituciones para la democracia. La Convergencia podría dar mucho más de sí, si todos y todas la que la participan juegan papeles más activos en la sociedad, es decir, en los debates y discusiones que le son propias y actuales. Se puede hacer más y mejor. Para derrotar al PLD se requiere mucha movilización social, y La Convergencia podría ser un buen instrumento para ello. La diferencia entre la vieja y la nueva política está marcada por el apego o no a la movilización democrática de la ciudadanía, una que se produce sin pretensiones manipulación, sustitución o complotismo. La Convergencia debería ser un espacio más abierto y participativo, germen y preludio del proceso constituyente por venir, siendo un espacio de debate y construcción de acuerdos para hacer que el país progresista se mueva y para que la sociedad avance. El reto está ahí, planteado para los que están y para los que estamos tentados por llegar.


jueves, 21 de mayo de 2015

Hacer política entre sueños y pesadillas

Durante los últimos meses, he estado inmerso en una serie de discusiones sobre el qué hacer para adelantar el impulso político de las fuerzas democráticas en la República Dominicana y en su diáspora radicada en los Estados Unidos. Ha sido un proceso intenso y enriquecedor, he conocido a mucha gente brillante, con biografías personales extraordinarias y con ideas tan interesantes como inquietantes, sin dudas, ha habido de todo, gente que sueña y lo hace despierta, otros y otras, para los que sus sueños se han convertido en terribles pesadillas de las podría volverse muy difícil salir, a menos que se produzcan grandes acontecimientos democráticos que pongan en cuestionamiento la inmovilidad de los anacrónicos dogmas sobre los que cifran sus inútiles esperanzas de cambio.

Si queremos avanzar, tendremos que desarmar nuestras viejas carabinas ideológicas y lanzarlas al río, para adentrarnos en nuevos espacios de civilidad en los que podamos discutir de forma franca y vinculante con el resto de la ciudadanía, incluyendo a aquellos sectores con los que albergamos manifiestas diferencias sobre el pasado, presente y futuro de la humanidad. 

Si hasta ahora “la historia de la humanidad ha sido la historia la lucha de clases”, nuestro futuro y supervivencia como especie, sólo podrán garantizarse por medio del dialogo y la concertación de acuerdos democráticos muy concretos, que pongan al ser humano en el centro de las cuestión política y de la economía, haciendo del Estado y del resto de las instituciones políticas, mecanismos vivos al servicio de la democracia y del bienestar de la gente, de manera que puedan ser participados y controlados activamente por la ciudadanía. Se trata de que ni el Estado, ni el mercado, ni los poderes facticos concentren tanto poder, como para ejercerlo a su favor y en contra de los ciudadanos y ciudadanas.

Pretender el poder total para imponer doctrinas políticas fracasadas como el socialismo o el comunismo, es tan nocivo como seguir defendiendo e impulsando el neoliberalismo y el capitalismo. La humanidad ha avanzado lo suficiente como para desarmar esos viejos esquemas de pensamiento autoritario y para permitirnos avanzar hacia posiciones políticas más incluyentes, democráticas, liberales y progresistas, capaces de reconocer y respetar libertades esenciales atacadas por los radicales capitalistas y comunistas.


Vivimos un cambio de época que nos exige actualizar y ampliar nuestros marcos teóricos para entender mejor la vida, de manera que la práctica política a defender, nos permita construir nuevas mayorías sociales capaces de reconocerse a sí mismas como fuente del poder y la soberanía de la nación y del Estado, con las capacidades y competencias de disponer los mecanismos necesarios para organizar la vida en comunidad y legislar sobre todas las materias que le son propias.

Hay que decidir entre hacer política para materializar los sueños o para prolongar las pesadillas. Debemos mirar al futuro con optimismo y determinación, ser capaces de deshacernos de todo el lastre heredado e impuesto por otras realidades que nada tiene que ver con la del mundo y la época que nos toca vivir. Debemos reconsiderar nuestra fidelidad ante viejos dogmas e hitos históricos que tienen poco ya que ver con la realidad actual y con las aspiraciones legítimas de la generación de la que actualmente formamos parte. En fin, debemos hacer un dialogo sincero con nosotros mismos sobre el mundo que realmente queremos y lo que estamos dispuestos a hacer para construirlo. Es probable que para muchos, soñar no cueste nada, pero para otros, para nosotros y nosotras, hacer realidad nuestros sueños, puede llegar a costarnos todo, inclusive.

@alexamarobcn | Miembro de #AhoraNow y de #Podemos